C/Escritora Ángeles López de Ayala nº7, Bloque 4 - 1ºB. 14005, Córdoba
No esperes a que los síntomas se intensifiquen. Ofrecemos un espacio seguro y profesional para evaluar y tratar la depresión infantil.
La depresión en niños puede definirse como una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración que ocurre en un niño. Se habla de depresión mayor, cuando los síntomas son mayores de 2 semanas, y de trastorno distímico, cuando estos síntomas pasan de un mes.
«La detección temprana es fundamental para prevenir complicaciones en el desarrollo cognitivo y social del niño.»
Herramientas de evaluación neuropsicológica adaptadas a cada etapa evolutiva para un diagnóstico certero.
Acompañamos a los padres con herramientas prácticas para fortalecer el vínculo afectivo y el soporte en casa.
Combinamos terapia cognitivo-conductual con técnicas de neuroplasticidad para resultados sostenibles.
Criterios y síntomas emocionales
Los síntomas que tienen más presencia en un cuadro de depresión en un niño tienen que ver con tristeza, irritabilidad, anhedonia, llanto fácil, falta del sentido del humor, sentimiento de no ser querido, baja autoestima, aislamiento social, trastornos del sueño, cambios de apetito y peso, falta de atención en las clases, agresividad, hiperactividad, disforia, pérdida de interés por jugar o por el colegio e ideación suicida.
El tratamiento por parte de un psicólogo debe ser individualizado, adaptado a cada niñ@ en particular y a la fase del desarrollo que se encuentra en base a su funcionamiento cognitivo y su maduración social.
Debe además involucrar de una manera activa a los padres, y realizar intervenciones hacia el entorno del niño (familiar, social y escolar).
Se fundamenta en el análisis cognitivo con el reconocimiento de emociones, la relación de éstas con la conducta y la cognición y el cambio de atribuciones cognitivas negativas. También incluyen la intervención conductual, como el entrenamiento en habilidades sociales, la ayuda en la resolución de problemas y otros procedimientos como el moldeamiento o la relajación.
Se centra en aumentar el número de actividades placenteras que el niño depresivo realiza y en reducir sus experiencias vitales negativas mediante el aprendizaje de habilidades de afrontamiento. La realización de las actividades placenteras no sólo eleva el estado de ánimo debido a su carácter de reforzadores positivos, sino también porque distraen al niño de sus rumiaciones cognitivas negativas y combaten directamente el retraimiento, la pasividad y el sedentarismo asociado con los episodios depresivos. Para ello se establece un programa progresivo de actividades placenteras dirigidas a objetivos y se enseña al niño en estrategias y habilidades para afrontar las situaciones de estrés y solucionar los problemas que están relacionados con su depresión.
No dudes en contactar para una primera evaluación. Estamos aquí para acompañarte en tu proceso de cambio.